~Savannah
Volví a bajar sobre ella, y el calor que irradiaba su coño chorreante me sentó como una droga. Le di a su abertura húmeda e hinchada una larga y lenta lamida de abajo hacia arriba. Vio arqueó la espalda tan alto que su cabeza se hundió entre las almohadas.
—¡Sí! —gimió, con la voz quebrada—. Me gusta eso, hermanita… ¡hazlo otra vez!
No solo lo repetí; fui a matar. Mantuve mi lengua dando vueltas alrededor de su clítoris mientras metía un tercer dedo dentro de ella. Estaba tan apretada