Llegar a Londres vía aérea , trajo varios inconvenientes a Carlisle, que tuvo que lidiar con una intransigente Eleanor que no tenía intenciones de ayudar con su equipaje y mucho menos dirigirle la palabra. Pero lo que llegó a colmarle la paciencia fue que la aerolínea había perdido una de sus maletas… La suya. Para colmo de males, Londres les daba la bienvenida habitual… llovía a cantaros y la fila de espera para los taxis era kilométrica. A pesar de la tan “amena bienvenida”, Carlisle prefirió