Eleanor estaba realmente fastidiada a medida que avanzaban, esquivando invitados, a través del salón. Se dio cuenta que el hacerse la mujer fatal e intentar, con su actitud, seducir a Carlisle, no le sirvió de nada y ahora tenía que lidiar con el idiota de Kalem, a quien aceptó su invitación a bailar con el único propósito de hacer rabiar a Carlisle. Sonrió. “¡Y vaya que lo conseguí!”
La pista estaba poblada de gente que se divertía al ritmo de los acordes de la fastuosa orquesta, que se ubicab