Capítulo 34. Bajo vigilancia
Agnes había estado ocupada toda la mañana con el trabajo, junto a Kiana, en un asunto que su amiga no podía resolver sola.
No porque no fuera capaz, si no porque los hombres con quienes debía tratar, se habían empecinado en conversar directamente con Kasparov.
No era común, pero solían subestimarla a menudo, y el propio Mikhail la había preparado para eso.
Parte de su poder y respeto vendría aparejado por el simple hecho de ser la esposa del joven mafioso, aquella por la que había destrozado si