Capítulo 72
La luz de la mañana en el ala del cuarto de niños de la Villa de Cristal no era amiga de los engaños. Era un foco duro e implacable que rebotaba en las paredes de titanio blanco y los suelos de mármol pulido, buscando cada imperfección, cada grieta en la fachada y cada pelo suelto que no debería existir.
En ese momento estaba arrodillada sobre la espesa alfombra color crema, las rodillas crujiendo bajo el peso de mi propia desesperación.
El corsé, una pesadilla victoriana brutal de