FIONA
El fuego me lamía los dedos mientras rozaba con las uñas el coche familiar que ahora estaba aparcado en el cementerio que estaba explorando. Me había bastado un asesinato para averiguar algo sobre Elliot. Una chaqueta que le había regalado a un viejo amigo. Quemar ese horrible trozo de tela me había dado la respuesta que buscaba con tanta desesperación. Su ADN había sido prácticamente nulo, pero reveló esto: el omega que se hacía llamar Elliot andaba por aquí. Imagina mi sorpresa al descu