Y en ese estar, que ya no requería ser confirmado, comenzaron a aparecer matices aún más sutiles.
No como cambios evidentes.
Sino como desplazamientos casi imperceptibles.
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Camila lo notó en una tarde en la que la luz entraba de manera distinta por las ventanas de la galería.
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No era una variación drástica.
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Pero sí suficiente para modificar la percepción del espacio.
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Las sombras eran más largas.
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Los contrastes más suaves.
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Los dibujos parecían situarse en otra profundidad.