Dicen que en algún momento de nuestra vida llega una oportunidad única e irrepetible donde debemos tomar la decisión: dejarla ir o no hacerlo. A raíz de aquella oportunidad se decidirá si seremos muy felices o infelices —tal vez un poco felices si no la escogemos, pero no del todo, porque seguiremos reprochándonos por el no haber aprovechado—.
La mía se dio en el momento en que menos lo pensé. Y sigo arrepintiéndome, porque claro, una chica como yo, tan fiel, nunca habría pensado de esa forma.