La policía llegó y se llevó a Carl. Él, claramente puso resistencia y se ganó uno que otro bolillazo por parte de un policía que no se iba con titubeos.
Antes de ser subido a la patrulla me gritó:
—¡ESTA ME LA VAS A PAGAR, ZORRA!
Para ese momento yo estaba acurrucada en brazos de mi madre sollozando.
Cuando llegamos a casa, nos reunimos alrededor de la mesa del comedor y todos llegaron a la conclusión más obvia de que yo no podía volver a ver a Carl, que esa relación estaba más que terminada.
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