Capítulo 31

Cuando llego a mi casa, me dirijo con entera felicidad hacia mi habitación, pero escucho en el pasillo un sollozo que proviene de la habitación de Eva. Veo que la puerta de su cuarto está entreabierta, así que la abro y la encuentro semidesnuda, hecha bolita en un rincón de su cama.

—Eva, ¿qué pasa? —indago preocupada mientras me acerco a ella.

—Ay, Zai, no sé qué hacer —suelta en un hilo de v

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