Mundo ficciónIniciar sesiónPuse los ojos en blanco y volteé a ver a Mateo, que se enderezaba en su puesto y revolvía su cabello con una mano.
—No, parce, aleje eso de mí, —aleteó una mano—. Nosotros ahorita nos tenemos que ir.
—¡No!, ¡Mateo, yo pensaba que tú aguantabas! —se burló Pablo—. Tú no aguantas es ná… —siguió repartiendo a los demás.
A Mateo se le notó q







