Había dos enormes ganchos de hierro que descendían desde lo alto del paso elevado, uno a la izquierda y otro a la derecha. Las ubicaciones correspondientes resultaron ser donde ella y Jacqueline estaban paradas.
En otras palabras, ¡esta gente iba a colgarlas a ella y a Jacqueline en el paso elevado!
Cuando Jacqueline se dio cuenta de la intención de los cuatro guardaespaldas, su rostro se puso pálido como un fantasma y su cuerpo tembló como una hoja.
"Tú... ¿Nos vas a colgar ahí arriba?".