Era un hecho, el padre de William estaba muy. Tuvimos que regresar a México lo más rápido que pudimos. William se encontraba en otro mundo, era como si su alma estuviera en otra parte. Casi no hablaba y solo se dedicaba a mirar por las ventanas de los autos. Recuerdo vívidamente que tome su mano cuando íbamos en el avión de regreso a México, él de inmediato se sorprendió, pero al final tomo mi mano con fuerza mientras me miraba acongojado.
–Todo estará bien. –Lo alenté.
–¿Y si no lo está? –Preg