Francisco le secó las lágrimas con ternura, —Sabrina, te pido que te cases conmigo.
La amaba con su vida.
—Sabrina, prométemelo. —Francisco miró a Sabrina con sinceridad.
—¡Sí! —Sabrina asintió enérgicamente.
«Si sobrevivimos, estaré dispuesta a casarme con Francisco. No quiero arrepentirme el resto de mi vida. Tengo que apreciar el presente.»
Francisco respiró hondo al oirlo, —Sabrina, no vuelvas a mentirme. No dejaré que te vayas.
Francisco cortó el cable blanco sin dudarlo.
La cuenta a