Era de noche y había pocos coches en la carretera.
Un coche gris plateado se paraba a un lado de la carretera con los intermitentes dobles puestos, y Sabrina miró a Francisco, acariciándole el pelo.
—¡Dime! —gritó Francisco en voz baja.
A Sabrina le parecía que era simpático aunque Francisco estuviera enfadado en ese momento.
—Francisco, ¿por qué actúas como una mujer despechada?
Sabrina se sentía dulce por dentro, «Me gusta tanto.»
Se quejó Francisco: —¿No vas a dejarme?
Sabrina se rio d