Sabrina, desdeñosa, le siseó —¡Hijo de puta!
Tenía ganas de matarlo.
—¡Sube al auto! —Le ordenó abriéndole la puerta.
Sabrina se subió de mala gana.
Francisco, conducía, pero de vez en cuando, miraba con curiosidad a Sabrina que iba con los ojos cerrados.
—Sabrina, ¿Cuántas identidades escondes? — Preguntó repentinamente.
Es Isabel, la hija mayor de la familia Suárez, y es también la Reina Suis, campeona del boxeo.
Sabrina abrió los ojos y, sonriendo, le dijo —¡Adivina!
—Cuando quiera