Marco asintió y dijo agradecido: —Sabrina, gracias. Anoche dormí muy bien después del masaje que me diste ayer.
Manuel también dio las gracias a Sabrina, —Sí, señorita Suárez, muchas gracias.
—De nada.
Después de comer, Sabrina le dio otro masaje a Marco.
Por la tarde, Martín la llevó a su casa.
En el camino, Martín se dio cuenta de que Sabrina estaba mirando el móvil, —¿A quién esperas?
—A nadie. —Sabrina puso el móvil en el bolso y miró por la ventana.
Martín pensó un momento y dijo: —S