Francisco observó la villa a sus espaldas antes de dirigirse hacia la casa.
En ese instante, una bala rozó peligrosamente su pie.
Paco, con el arma en la mano, dejó escapar el humo de la pistola entre sus labios, con una expresión feroz y maliciosa marcada entre las cejas.
—Jefe Herrera, entrar ilegalmente en una propiedad privada es un crimen.
—¡Quiero ver a Sabrina!
Paco estaba lleno de ira: —¿Quién eres? ¿Piensas que puedes ver a Sabrina cuando te plazca?
Francisco apretó los puños fuer