—¡No digas tonterías, Adriana! ¡Camila no podría comportarse de una forma tan ruin! ¡Es una chica buena y obediente! —le espeté con fuerza, rechazando rotundamente todas las acusaciones que acababa de inventarse. Mi corazón seguía acosado por una gran duda respecto a todas las acusaciones dirigidas contra Camila. Porque, hasta ahora, Camila no había hecho nada de eso. Aunque las pruebas apuntaran hacia ella.
—¿Por qué? ¿Todavía quieres defenderla, Javi? —replicó Adriana con un tono de decepción