Bajo el chorro de agua fría de la ducha, cerré los ojos con fuerza. Intenté devanarme los sesos, recomponer los fragmentos de memoria sobre lo que realmente había ocurrido la noche anterior. Hasta este momento, seguía sin poder creerme sin más la sucesión de frases que Adriana había soltado en la cama hacía un rato.
Porque, sinceramente, todos mis instintos y mi sentido común se resisten a creerlo. Siento con total claridad que la mujer que estuvo conmigo anoche era Camila. Su aroma, el calor d