Punto de vista de Javier
—Javier, no te quedes ahí sin hacer nada… Entra, mi cuerpo te desea con locura…
Sonreí al oír ese gemido de rendición. Mi corazón latía con fuerza al contemplar su rostro, encendido y rebosante de pasión. En lugar de satisfacer inmediatamente su ansia, volví a inclinarme hacia ella, la abracé por el rostro y besé sus labios con una calidez cada vez más intensa.
Quería transmitirle toda la oleada de añoranza que llevaba años ardiendo en mi pecho. La echaba tanto de menos