Luna asintió con la cabeza. —Hermano mayor, no te decepcionaré, tú también debes cuidar de tu salud.
—Bien.
Simón se levantó lentamente. —Tengo que ir a atender los asuntos de mi padre por ahora, Luna, dejo la casa a tu cargo.
—De acuerdo, hermano mayor, puedes estar tranquilo, me haré cargo de todo.
Antes de irse, Simón hizo un último encargo: —Ah, sí, Luna, la doctora no es una extraña, si hay algo, también puedes contárselo a ella, para que te ayude a sobrellevarlo.
—Está bien.
Cuando estuvo