Clara también se puso impaciente. —De acuerdo, si no quieres que te mire, hay muchas personas que ruegan. No te arrepientas después.
Mientras hablaba, comenzó a trepar fuera del barril. No podía quedarse ahí mucho tiempo más o se asfixiaría con el calor.
Llevaba puesta una larga falda de lino, y el barril era alto y resbaladizo. Además, Diego ocupaba el lado con los escalones.
Justo cuando estaba a punto de subir, pisó su falda empapada y, al hacer fuerza, resbaló hacia el interior del barril.
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