La niña, a pesar de ser pequeña, mostraba claramente su posición elevada en el pueblo, ya que los aldeanos la saludaban de manera respetuosa al pasar.
Fernando se dio cuenta de que no la llamaban niña precisamente, ya que todos la saludaban con rostros respetuosos y la llamaron señorita.
La niña simplemente asintió con la cabeza, pero no habló.
El grupo la siguió hasta llegar a un bosque de bambú, donde ella hizo un gesto indicando que se detuvieran y esperaran un momento.
Luego, ella misma entr