Diego extendió la mano para tocar su frente, pero Clara instintivamente esquivó su mano. —Señor López, mantenga sus distancias.
—Solo quería ver si tienes fiebre o no. —se justificó Diego.
Clara esbozó una sonrisa burlona. —¿Señor López, no le parece ridículo? Usted me ató en el baño y me empapó con agua fría. No es un niño de tres años; debería ser consciente de las consecuencias. Si ya sabía que me resfriaría y tendría fiebre, ¿por qué actúa de esta manera ahora?
—No sabía que tu cuerpo estarí