La discreción de Teresa y Clara contrastaba fuertemente con la actitud ostentosa de Ángela y su hijo. Al principio, Ángela estaba un poco nerviosa, cuando no había nadie cerca, le preguntó en secreto a su hijo: —Hijo, ¿cómo lograste convencer al viejo?
Ángela sabía bien la obstinación del anciano, alguien que no cedía ante nada, ni siquiera ante su propio hijo.
¿Cómo fue que Daniel pudo lograrlo con solo unas pocas palabras?
—Mamá, tengo mis métodos. De todas formas, tú puedes ser la Señora Lópe