Más que miedo al control perdido del automóvil, el verdadero origen del miedo de Clara residía en su subconsciente.
A medida que la pendiente comenzaba, el conductor luchaba por mantener la dirección estable, pero la velocidad aumentaba rápidamente.
El viento rugía en sus oídos, tan fuerte que eclipsaba los latidos del corazón de Diego.
Imágenes pasaban rápidamente por su mente: un automóvil corriendo desenfrenado en una noche lluviosa, relámpagos y truenos retumbantes en el cielo y los desgarra