—Miren a estos dos, en cuanto no los veo un momento, ya están pegados como lapa. —el abuelo apareció de la nada, no se sabe de dónde.
Clara se ruborizó y se apartó, manteniendo cierta distancia con Diego, parecían estudiantes descubiertos en un enamoramiento temprano.
—Ya está bien, ya está bien, llevan casados tanto tiempo y aún así se ponen tímidos como una niña pequeña. Abuelo no los molestaré más. Al ver cómo se llevan tan bien, la abuela en el cielo puede descansar tranquila. Ven aquí, moco