Ante Celestina reposaba una mano de tono de piel pálido, pero la palma no lucía precisamente bien. Estaba marcada por visibles señales del tiempo.
Decían que las manos eran el segundo rostro de una mujer.
A través de las manos, se podía ver que Diego no la cuidaba bien. Sus manos, con callosidades evidentes, claramente había realizado mucho trabajo áspero.
Celestina extendió su mano, que nunca había realizado trabajos pesados, y se cuidaba con tratamientos corporales semanales. Sus manos lucían