Al ver su insistencia, Diego no se negó.
—Está un poco lejos, puedes descansar un rato.
Clara mantuvo una expresión seria. —No es necesario, no tengo sueño.
Diez minutos después, su pequeña cabeza golpeaba el vidrio por la somnolencia.
Diego sonrió de manera amarga, no era un monstruo, ¿era realmente necesario que se pegara al cristal en lugar de él?
Extendió su brazo y la atrajo hacia sí. Clara abrió los ojos y lo miró intentando resistirse, pero no pudo vencer al sueño y pronto se quedó dormid