María dejó escapar la verdad, la brutalidad de la realidad golpeó fuertemente a Manuel, dejándolo atónico.
No tenía tiempo para aceptar la realidad. La ira ardía en su pecho como un globo inflado, estaba a punto de estallar.
—¿Debías llegar a esto? —sus pupilas se tiñeron de rojo sangre, su voz cortante como el hielo.
—Por supuesto, no es suficiente. Te he preparado un segundo gran regalo. Disfrútalo.
María se deslizó como un demonio. —¿Sabes cuánto tiempo he estado esperando este día? Cada noch