Las piernas de Lucas se temblaban y su voz titubeaba.
—Mire, jefe López, aunque seamos firmes materialistas, cuando alguien descansa en paz en la tumba, en medio de la noche, mientras duerme, no parece apropiado molestarla, ¿verdad? ¿Y si se levanta con mal humor del ataúd?
Diego no tenía paciencia para hablar con él, Lucas no podía igualar la agilidad de Fernando.
—¡Llama a alguien de inmediato para que desentierre y abra la tumba! —Diego habló con un tono imperativo.
—Sí.
Lucas había hecho muc