En estos días, además de Camila, alguien más ardía en preocupación, era Diego. No comía ni bebía, no dormía ni descansaba, y su cuerpo estaba tan tenso como una cuerda de arco, siempre pendiente de la situación de rescate.
Lucas, al ver la mandíbula de Diego tan afilada, sintió un gran pesar. —Jefe López, por favor, al menos come algo. Si sigues así, incluso si fueras un toro, no lo soportarás.
Diego tenía la garganta reseca y los labios agrietados, por lo que Fernando rápidamente le entregó una