Clara y su familia, con Luna, volaron hacia la Isla de Saia. Ella llevaba a su hija en lugar de un guardaespaldas, lo que sorprendió a Luna.
—Os advertí que más vale que no intentáis nada raro, a menos que no quisieras saber el paradero de tu madre. Quedamos en que serían tres, y no podía haber uno más.
—Tranquilo, mi hija sabe un poco de brujería de parásito y puede liberarte de tu parásito.
Luna frunció el ceño y miró de arriba abajo a Aurora con evidente desdén. —Mejor que sea otra persona. ¿