El cuerpo de Diego fue sumergido en el agua por Clara.
Algunos recuerdos del pasado volvieron a su mente, cuando sus ojos estaban nublados y Clara lo acompañaba en su tratamiento.
Ahora, de vuelta en ese lugar, era inevitable sentir una emoción especial.
Las suaves olas se mecían con delicadeza, y Clara fue desabrochando lentamente su ropa.
Se aferró al cuerpo atlético de Diego y le susurró al oído: —Relájate, querido.
Clara sabía que, desde que se había contagiado del parásito embrujador, quien