Llegaron al lago de las afueras de la ciudad, y ni siquiera habían bajado del coche cuando ya pudieron admirar la hermosa vista del paisaje.
La suave brisa mecía los juncos, bandadas de aves acuáticas surcaban el cielo y algunas hojas de nenúfares flotaban sobre la superficie del tranquilo lago.
El azul del firmamento, las nubes blancas y los pétalos caídos sobre la orilla le conferían un aire de elegante belleza al entorno.
—Qué lugar tan precioso. —comentó Clara.
—Sí, este ambiente tan apacibl