Clara podía imaginar lo hermoso y solitario que sería este prado cuando amaneciera y el viento soplara sobre él.
No era de extrañar que el tercer señorito estuviera deprimido. Vivir en un entorno así durante mucho tiempo haría que incluso su propio corazón se volviera baldío y desolado.
El automóvil se detuvo y la decoración de la villa era de un estilo sorprendentemente austero. Las paredes eran grises o blancas, sin vida ni vitalidad en absoluto.
Ya era las once de la noche, pero desde la vill