Clara no era una persona que disfrutara de la desgracia ajena, pero Mónica insistía en buscar la confrontación y al final se marchó con la cabeza gacha y derrotada.
Hasta el día de hoy, Pera sentía un escalofrío cada vez que veía a Mónica. Al mismo tiempo, en su corazón albergaba un profundo resentimiento por haber perdido a su hijo debido a las acciones de Mónica. En sus sueños, el niño siempre estaba presente.
Isolda le dio un toque en la mano y dijo: —No temas, Perita. Ahora eres la heredera