Ella se agachó en silencio para recoger los fragmentos. Mónica aún se sentía insatisfecha y le dio otra patada a la pierna de Úrsula.
—Estoy harta de ti. ¿Sabes quién soy yo? ¿Por qué me das esta basura para comer todos los días?
Úrsula miró el desorden en el suelo. No era la primera vez. En estos días, Mónica había estado comportándose de manera agresiva, explotando sin razón aparente, y Úrsula había llegado al límite de su paciencia.
—La basura de la que hablas son ingredientes de alta calidad