Diego siempre había sido una persona de sentimientos claros. Cuando odiaba a Clara, era frío y distante, pero ahora que realmente quería enmendar las cosas, ¿cómo podía hacer algo así a sus espaldas?
Al menos en este asunto, Clara no lo culpaba.
—Clari... —Diego la llamó.
Clara levantó su mano y gentilmente le limpió la sangre y le puso una curita.
—Vamos, los niños están esperando que cocines.
Diego bajó la mirada y se encontró con la mirada tierna de Clara, sintiéndose muy culpable.
Había trat