Yolanda clavó la mirada en el rostro de Hernán, que era idéntico al de Rafael, pero sus ojos le resultaban aterradores.
—Yo no... yo solo...
—Yolanda, es realmente repugnante que se aprovechaste del hijo de mi hermano para chantajear a Diego y separarlo de su esposa.
Hernán se esforzó por incorporarse y agarró el brazo de Yolanda.
—¿Qué estás haciendo? —se debatió ella.
—Te llevaré a un lugar.
Hernán la arrastró a la fuerza hacia el coche. Yolanda pensó que aquel hombre era un loco. Ella aún est