Clara mantuvo la calma y no respondió a sus palabras, en su lugar le recordó: —Señor Belmonte, esto es la ciudad de Ávila.
Su piel era muy blanca, y debido a que había llorado por Quirino durante la ceremonia, sus ojos y su nariz tenían un ligero tono rosado. Sus pupilas negras estaban húmedas, como un pequeño conejo blanco que resultaba especialmente adorable.
Pero Ezequiel sabía muy bien que la persona frente a él no era ningún conejito, sino el asesino de categoría S, Cero.
Antes de venir, Ez