Úrsula, después de que Isolda se sentara, se arrodilló ante ella con las rodillas ligeramente flexionadas. —Señora, sé que esta vez todo fue culpa mía. La señorita me contó cómo Joaquín se ha vuelto indiferente con ella y me pidió consejo. Después de todo, fui yo quien la vio crecer. En mi desesperación, no consulté contigo y luego tuve un conflicto con el sirviente de la otra parte. Sé que ya no merezco volver a verla, y estoy dispuesta a asumir todas las consecuencias de mis acciones.
Úrsula e