Alfonso dejó la taza de té y dijo: —Hablar del diablo y él aparece. Por favor, entra.
Joaquín aún llevaba puesto el mismo traje, la sangre se filtraba en su abrigo negro pero no se notaba, aunque el rojo intenso en sus palmas y en el cuello de su camisa destacaba de manera extraña.
La expresión que solía ser respetuoso y humilde se volvió extremadamente fría. Mónica corrió hacia Joaquín.
—Joaquín, necesitas escuchar mi explicación, yo...
Joaquín ya había visto las grabaciones de la habitación en