La tensión en el ambiente era palpable, lo cual dejó a Clara incómoda. Sus ojos se volvieron fríos. —Ya es suficiente, salgan de aquí y no me interrumpan durante mi consulta.
Ezequiel señaló su propio rostro. —¿Yo?
—¿Y quién más? No importa quién sea él o qué importancia tenga, aquí es mi paciente. Cualquier rencilla que tengan, pueden resolverla después de que termine el tratamiento. ¡Salgan!
Clara señaló hacia la puerta y Ezequiel la miró con enojo antes de dar media vuelta y salir, dejando a