Aunque Clara había pasado por algunas dificultades en años anteriores, nunca antes había experimentado tal humillación.
En ese momento, ya no le importaba la identidad del otro. Aprovechando la momentánea sorpresa de Ezequiel, le abofeteó con fuerza.
—¡Pam!
El sonido nítido resonó en toda la habitación. Ezequiel reaccionó de inmediato y, enfadado y avergonzado, levantó las manos de Clara por encima de su cabeza.
Él estaba sin camisa, y la escena parecía cada vez más sugestiva.
El chico de negro