Diego se apresuró y finalmente llegó a la ciudad de Ávila al mediodía del segundo día.
Ni siquiera tuvo tiempo de ir a casa a arreglarse antes de dirigirse directamente a la casa de la familia Enríquez, llevando consigo el frío y el olor a sangre que impregnaban su cuerpo, apareciendo en el estudio de Alfonso.
Clara estaba preparando té y Alfonso estaba leyendo un libro.
Diego entró apresuradamente y sus ojos se posaron en Clara, sus frías cejas y ojos mostraron un poco de ternura.
—Vuestra Exce