Después de escuchar las palabras de Paloma, el rostro de Clara se volvió aún más emocional. Sus hermosos rasgos adquirieron un matiz siniestro, y habló con voz firme:
—Por supuesto que es inocente. ¿Acaso mi hijo, que ha muerto, no merece también ser considerado inocente? En realidad, la persona que debería haber muerto era él.
Clara se llevó la mano al corazón, donde sentía un dolor intenso, y continuó: —Si él no hubiera venido a este mundo, mi hijo no habría muerto.
—Estás perdiendo la razón.