Clara parecía percatarse de algo y se volvió para mirar hacia la ventana sobre su cabeza.
El pequeñín vestía un suéter peludo, como un pequeño oso polar, con las manos apoyadas en el cristal y su gordito rostro pegado al vidrio, tan adorable.
La ventana, con su efectivo aislamiento de sonido, impedía que su voz llegara, pero Clara podía sentir que él le estaba saludando.
Esta escena tan encantadora instantáneamente curó su melancolía, y ella sonrió mientras agitaba la mano en dirección al pequeñ