Margaret debía reconocer que tenía razón, que debía sacarse aquella ropa que continuaba escurriendo hasta formar un charco a su alrededor; más en cambio apenas podía moverse y ni pensar en ponerse en pie para ir a su habitación. Sin embargo, el solo pensar en desvestirse frente a él le resultaba impensable.
—¿Qué es lo que esperas? — interrogo apenas volteo a verla y la encontró justo en el mismo lugar.
—No puedo hacerlo aquí frente a ti —explico, consciente de que sería un gran error.
—No se